los libros o textos enunciados existen en el acto de concebirlos, en el momento que precede a la creación.Poco importa que ese momento no llegue nunca, pertenecen ahora a la bibloteca de mi memoria. DAMASCENO MONTEIRO
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sábado, 28 de junio de 2008
EDITORIAL
Crispación argentina
Los oscuros modos políticos de los Kirchner agravan su dilatado pulso con los agricultores
20/06/2008
De los seis meses que Cristina Fernández lleva al frente de Argentina, los últimos tres están marcados por su conflicto con los agricultores, un choque que se mantiene vivo y que está socavando la credibilidad económica del país suramericano y decisivamente la imagen del Gobierno de los Kirchner. La popularidad de la presidenta ha caído 30 puntos desde febrero, hasta el 26% actual. Lo que comenzó siendo un enfrentamiento por un desmesurado aumento de impuestos a las exportaciones de granos ha derivado en la peor crisis política desde 2001. Está por verse si su única concesión hasta la fecha, que el Parlamento se pronuncie, tres meses después, sobre la oportunidad de la medida, sirve para apaciguar los ánimos.
La presidenta Fernández no sólo no practica el diálogo político que prometió en campaña electoral. Al amparo de la debilidad institucional argentina se enroca en posiciones altaneras y recurre a los más impresentables tics autoritarios del peronismo para contrarrestar el creciente malestar en la calle, ilustrado a comienzos de semana con una multitudinaria cacerolada popular. De este conocido repertorio del justicialismo, que ahora preside su marido, el ex jefe del Estado Néstor Kirchner, forman parte desde las recurrentes exhibiciones de fuerza en la plaza de Mayo hasta la burda manipulación que pretende que tras la sostenida y en ocasiones inadmisible protesta agropecuaria anida un golpe de Estado en ciernes. En una vitriólica y excepcional rueda de prensa, Kirchner se ha despachado contra periódicos, periodistas e instituciones económicas internacionales, un tótum revolútum culpable según él de favorecer la desestabilización argentina. Es el mensaje del miedo.
Más allá de las razones de un Gobierno representativo para adoptar medidas impopulares está su obligación de explicarlas convincentemente y facilitar su debate parlamentario. Fernández, sin embargo, parece estar más interesada en el enmascaramiento de la realidad, como lo muestra la consistente manipulación de los datos de inflación argentina, oficialmente en un solo dígito, pero en realidad por encima del 20%, según todas las estimaciones solventes. La deliberada ficción en que vive la tercera economía latinoamericana, consagrada en el nuevo índice de precios vigente desde este mes, constituye una muestra más del desprecio presidencial por los valores que dice defender.
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viernes, 27 de junio de 2008
TITULARES DEL HOY ARGENTINO
NOTICIAS DE DIARIOS DE ARGENTINA - TITULARES
Charly se encuentra mejor y está componiendo
· Aguilar lo convenció y por ahora Ortega seguirá en River
·
El país, primer consumidor de cocaína en América latina
En marihuana está segundo; lo dice un informe de la ONU
En marihuana está segundo; lo dice un informe de la ONU
LOS POETAS NO TIENEN BIOGRAFIA, SI UN DESTINO
Poema Tormenta de Elvio Romero
La noche ha sido larga.
Como desde cien años de lluvia,
de una respiración embravecida proveniente de un fondo de vértigo nocturno,
de un cántaro color adojadeando en la tierra,
el viento ha desatado su tempestad violenta
sobre el velo anhelante de la ilusión
efímera, sobre los fatigados menesteres
y tú y yo, en la colina
más alta,
en el rincón de nuestros dos silencios,
abrazados al tiempo del amor, desvelándonos
ELVIO ROMERO - POETA -
Año IX • Nº 109
24 de mayo de 2004
Cagua, VenezuelaDepósito Legal:pp199602AR26ISSN: 1856-7983
El poeta Elvio Romero falleció la madrugada del miércoles 19 de mayo, tras sufrir una larga enfermedad en la garganta. Aquejado hace meses de una operación que le afectó las cuerdas vocales, y aunque la intervención resultó satisfactoria, el restablecimiento se complicó debido a la diabetes que sufría el poeta, quien finalmente no pudo superar el trance y sufrió un paro cardio-respiratorio en Buenos Aires, donde residía.
El escritor nació en Yegros (Caazapá, Paraguay) el 12 de diciembre de 1926. Se incorporó a la vida literaria de Asunción siendo muy joven, y compartió tertulias con Josefina Plá, Hérib Campos Cervera, Óscar Ferreiro, José Antonio Bilbao y otros altos exponentes de las letras paraguayas de aquellos años.
En 1947 tuvo que exiliarse a Argentina. Primeramente vivió en Roque Sáenz Peña (Chaco), y por su casa pasaron, camino del exilio, figuras como José Asunción Flores, Herminio Giménez, los hermanos Larramendia y muchos otros. Posteriormente se instaló en Buenos Aires, y desde entonces su voz (testimonio poético de las vicisitudes y los padecimientos de su país) se dio a conocer en la América Latina.
Grandes escritores reconocieron tempranamente el talento de Romero. Recibió el elogio y el reconocimiento de numerosos lectores, entre ellos tres ganadores del Premio Nobel de Literatura, como Gabriela Mistral (que afirmaba leerlo "como acostada sobre la tierra"), Miguel Ángel Asturias ("poesía invadida llamo yo a esta poesía, poesía invadida por la vida, por el juego y el fuego de la vida") y Pablo Neruda ("poesía llena de fuerza y follaje"). El poeta Hamlet Lima Quintana lo señala como uno de los referentes más importantes de nuestra poesía latinoamericana. Josefina Plá decía que al leer la poesía de Romero "se va a escuchar la voz de un pueblo reclamando su lugar en el coro de la libertad".
Nicolás Guillén le dedicó estos versos: "Elvio Romero, mi hermano, / yo partiría en un vuelo / de avión o de ave marina, / mar a mar y cielo a cielo, / hacia el Paraguay lejano, / de lumbre sangrienta y fina".
Es la voz poética paraguaya más conocida en el mundo hispanoparlante. De su obra poética destacan Días roturados (1947), Resoles áridos (1948-49), Despiertan las fogatas (1950-52), El sol bajo las raíces (1952-55), De cara al corazón (1955), Esta guitarra dura (1960), Un relámpago herido (1963-65), Los innombrables (1959-73), Destierro y atardecer (1962-75), El viejo fuego (1977), Los valles imaginarios (1984), Flechas en un arco tendido (1983-1993) y El poeta y sus encrucijadas (1991). También publicó la biografía Miguel Hernández, destino y poesía (1958), el ensayo El poeta y sus circunstancias (1991) —por el cual se le otorgó el Premio Nacional de Literatura de ese año— y la colección de relatos Fabulaciones.
Producido el derrocamiento de Alfredo Stroessner, pudo regresar al país, donde tomó contacto con sus amigos y colegas paraguayos. Era miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y socio del PEN Club del Paraguay. Hasta su muerte ocupó un cargo diplomático en la Embajada del Paraguay en Buenos Aires.
Su último libro, la antología Contra la vida quieta, bajo el sello Candaya, fue presentado en España recientemente. Se trata de un libro que viene acompañado de un CD con la voz de Rafael Alberti recitando el poema que le dedicó en una oportunidad, y Romero, asimismo, incluye la canción Cielito del Paraguay, interpretada por Lizza Bogado.
"He pretendido que mis libros respirasen como los hombres", escribió Romero en una oportunidad. "Que contuvieran el aliento de nuestra naturaleza encendida por su vasto espacio verde y por el verano; por eso los poblé de personajes y de árboles que cantan y de gente cuyo oficio era sentarse en mitad de la luz del mediodía o del fulgor de la luna, de guitarreros demorados bajo las ventanas para entonar endechas; quise que esos libros invitasen a los viajeros a detenerse y a contemplar la magia de nuestra región escarlata".
Los restos mortales de Elvio Romero fueron velados en la sede de la Embajada de Paraguay en Buenos Aires, de donde partieron el jueves 20 hasta su última morada en el Cementerio de la Chacarita, donde fueron cremados según la voluntad expresa del poeta, cuya viuda, la guarambareña Élida Vallejos, y su único hijo, Ariel, recibieron las condolencias de quienes se acercaron a despedir a tan relevante personalidad del mundo de las letras y de la cultura.
La revista de los
escritores hispanoamericanos en InternetNoticias
Murió el poeta
paraguayoElvio Romero
El poeta Elvio Romero falleció la madrugada del miércoles 19 de mayo, tras sufrir una larga enfermedad en la garganta. Aquejado hace meses de una operación que le afectó las cuerdas vocales, y aunque la intervención resultó satisfactoria, el restablecimiento se complicó debido a la diabetes que sufría el poeta, quien finalmente no pudo superar el trance y sufrió un paro cardio-respiratorio en Buenos Aires, donde residía.
El escritor nació en Yegros (Caazapá, Paraguay) el 12 de diciembre de 1926. Se incorporó a la vida literaria de Asunción siendo muy joven, y compartió tertulias con Josefina Plá, Hérib Campos Cervera, Óscar Ferreiro, José Antonio Bilbao y otros altos exponentes de las letras paraguayas de aquellos años.
En 1947 tuvo que exiliarse a Argentina. Primeramente vivió en Roque Sáenz Peña (Chaco), y por su casa pasaron, camino del exilio, figuras como José Asunción Flores, Herminio Giménez, los hermanos Larramendia y muchos otros. Posteriormente se instaló en Buenos Aires, y desde entonces su voz (testimonio poético de las vicisitudes y los padecimientos de su país) se dio a conocer en la América Latina.
Grandes escritores reconocieron tempranamente el talento de Romero. Recibió el elogio y el reconocimiento de numerosos lectores, entre ellos tres ganadores del Premio Nobel de Literatura, como Gabriela Mistral (que afirmaba leerlo "como acostada sobre la tierra"), Miguel Ángel Asturias ("poesía invadida llamo yo a esta poesía, poesía invadida por la vida, por el juego y el fuego de la vida") y Pablo Neruda ("poesía llena de fuerza y follaje"). El poeta Hamlet Lima Quintana lo señala como uno de los referentes más importantes de nuestra poesía latinoamericana. Josefina Plá decía que al leer la poesía de Romero "se va a escuchar la voz de un pueblo reclamando su lugar en el coro de la libertad".
Nicolás Guillén le dedicó estos versos: "Elvio Romero, mi hermano, / yo partiría en un vuelo / de avión o de ave marina, / mar a mar y cielo a cielo, / hacia el Paraguay lejano, / de lumbre sangrienta y fina".
Es la voz poética paraguaya más conocida en el mundo hispanoparlante. De su obra poética destacan Días roturados (1947), Resoles áridos (1948-49), Despiertan las fogatas (1950-52), El sol bajo las raíces (1952-55), De cara al corazón (1955), Esta guitarra dura (1960), Un relámpago herido (1963-65), Los innombrables (1959-73), Destierro y atardecer (1962-75), El viejo fuego (1977), Los valles imaginarios (1984), Flechas en un arco tendido (1983-1993) y El poeta y sus encrucijadas (1991). También publicó la biografía Miguel Hernández, destino y poesía (1958), el ensayo El poeta y sus circunstancias (1991) —por el cual se le otorgó el Premio Nacional de Literatura de ese año— y la colección de relatos Fabulaciones.
Producido el derrocamiento de Alfredo Stroessner, pudo regresar al país, donde tomó contacto con sus amigos y colegas paraguayos. Era miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y socio del PEN Club del Paraguay. Hasta su muerte ocupó un cargo diplomático en la Embajada del Paraguay en Buenos Aires.
Su último libro, la antología Contra la vida quieta, bajo el sello Candaya, fue presentado en España recientemente. Se trata de un libro que viene acompañado de un CD con la voz de Rafael Alberti recitando el poema que le dedicó en una oportunidad, y Romero, asimismo, incluye la canción Cielito del Paraguay, interpretada por Lizza Bogado.
"He pretendido que mis libros respirasen como los hombres", escribió Romero en una oportunidad. "Que contuvieran el aliento de nuestra naturaleza encendida por su vasto espacio verde y por el verano; por eso los poblé de personajes y de árboles que cantan y de gente cuyo oficio era sentarse en mitad de la luz del mediodía o del fulgor de la luna, de guitarreros demorados bajo las ventanas para entonar endechas; quise que esos libros invitasen a los viajeros a detenerse y a contemplar la magia de nuestra región escarlata".
Los restos mortales de Elvio Romero fueron velados en la sede de la Embajada de Paraguay en Buenos Aires, de donde partieron el jueves 20 hasta su última morada en el Cementerio de la Chacarita, donde fueron cremados según la voluntad expresa del poeta, cuya viuda, la guarambareña Élida Vallejos, y su único hijo, Ariel, recibieron las condolencias de quienes se acercaron a despedir a tan relevante personalidad del mundo de las letras y de la cultura.
jueves, 26 de junio de 2008
Balada de la Primera Novia --Alejandro Dolina
Balada de la Primera Novia
El poeta Jorge Allen tuvo su primera novia a la edad de doce años. Guarden las personas mayores sus sonrisas condescendientes. Porque en la vida de un hombre hay pocas cosas mas serias que su amor inaugural.
Por cierto, los mercaderes, los Refutadores de Leyendas y los aplicadores de inyecciones parecen opinar en forma diferente y resaltan en sus discursos la importancia del automóvil, la higiene, las tarjetas de crédito y las comunicaciones instantáneas. El pensamiento de estas gentes no debe preocuparnos. Después de todo han venido al mundo con propósitos tan diferentes de los nuestros, que casi es imposible que nos molesten.
Ocupémonos de la novia de Allen. Su nombre se ha perdido para nosotros, no lejos de Patricia o Pamela. Fue tal vez morocha y linda.
El poeta niño la quiso con gravedad y temor. No tenía entonces el cínico aplomo que da el demasiado trato con las mujeres. Tampoco tenía -ni tuvo nunca- la audacia guaranga de los papanatas.
Las manifestaciones visibles de aquel romance fueron modestas. Allen creía recordar una mano tierna sobre su mentón, una blanca vecindad frente a un libro de lectura y una frase, tan solo una: "Me gustás vos." En algun recreo perdió su amor y más tarde su rastro.
Despues de una triste fiestita de fin de curso, ya no volvió a verla ni a tener noticias de ella.
Sin embargo siguió queriéndola a lo largo de sus años. Jorge Allen se hizo hombre y vivió formidables gestas amorosas. Pero jamás dejó de llorar por la morocha ausente.
La noche en que cumplía treinta y tres años, el poeta supo que había llegado el momento de ir a buscarla.
Aquí conviene decir que la aventura de la Primera Novia es un mito que aparece en muchísimos relatos del barrio de Flores. Los racionalistas y los psicólogos tejen previsibles metáforas y alegorías resobadas. De ellas surge un estado de incredulidad que no es el más recomendable para emocionarse por un amor perdido.
A falta de mejor ocurrencia, Allen merodeó la antigua casa de la muchacha, en un barrio donde nadie la recordaba. Después consultó la guía telefónica y los padrones electorales. Miró fijamente a las mujeres de su edad y también a las niñas de doce años. Pero no sucedió nada.
Entonces pidió socorro a sus amigos, los Hombres Sensibles de Flores. Por suerte, estos espíritus tan proclives al macaneo metafísico tenían una noción sonante y contante de la ayuda.
Jamás alcanzaron a comprender a quienes sostienen que escuchar las ajenas lamentaciones es ya un servicio abnegado. Nada de apoyos morales ni
palabras de aliento. Llegado el caso, los muchachos del Angel Gris actuaban directamente sobre la circunstancia adversa: convencían a mujeres tercas, amenazaban a los tramposos, revocaban injusticias, luchaban contra el mal, detenían el tiempo, abolían la muerte.
Así, ahorrándose inútiles consejos, con el mayor entusiasmo buscaron junto al poeta a la Primera Novia.
El caso no era fácil. Allen no poseía ningun dato prometedor. Y para colmo anunció un hecho inquietante:
- Ella fue mi primera novia, pero no estoy seguro de haber sido su primer novio.
- Esto complica las cosas -dijo Manuel Mandeb, el polígrafo-. Las mujeres recuerdan al primer novio, pero difícilmente al tercero o al quinto.
El músico Ives Castagnino declaró que para una mujer de verdad, todos los novios son el primero, especialmente cuando tienen carácter fuerte. Resueltas las objeciones leguleyas, los amigos resolvieron visitar a Celia, la vieja bruja de la calle Gavilán. En realidad, Allen debió ser llevado a la rastra, pues era hombre temeroso de los hechizos.
- Usted tiene una gran pena -gritó la adivina apenas lo vió. - Ya lo sé señora... dígame algo que yo no sepa... - Tendrá grandes dificultades en el futuro... - También lo sé... - Le espera una gran desgracia... - Como a todos, señora... - Tal vez viaje... - O tal vez no... - Una mujer lo espera... - Ahi me va gustando... ¿Dónde está esa mujer? - Lejos, muy lejos... En el patio de un colegio. Un patio de baldosas grises. - Siga... con eso no me alcanza. - Veo un hombre que canta lo que otros le mandan cantar. Ese hombre sabe algo... Veo también una casa humilde con pilares rosados. - ¿Qué más? - Nada más... Cuanto más yo le diga, menos podrá usted encontrarla. Váyase. Pero antes pague.
Los meses que siguieron fueron infructuosos. Algunas mujeres de la barriada se enteraron de la búsqueda y fingieron ser la Primera Novia para seducir al poeta. En ocasiones Mandeb, Castagnino y el ruso Salzman simularon ser Allen para abusar de las novias falsas.
Los viejos compañeros del colegio no tardaron en presentarse a reclamar evocaciones. Uno de ellos hizo una revelación brutal.
- La chica se llamaba Gomez. Fue mi Primera Novia - ¡Mentira! -gritó Allen. - ¿Por qué no? Pudo haber sido la Primera Novia de muchos.
Entre todos lo echaron a patadas. Una tarde se presentó una rubia estupenda de ojos enormes y esforzados breteles. Resultó ser el segundo amor del poeta. Algunas semanas después apareció la sexta novia y luego la cuarta. Se supo entonces que Jorge Allen solía ocultar su pasado amoroso a todas las mujeres, de modo que cada una de ellas creía iniciar la serie.
A fines de ese año, Manuel Mandeb concibió con astucia la idea de organizar una fiesta de ex-alumnos de la escuela del poeta.
Hablaron con las autoridades, cursaron invitaciones, publicaron gacetillas en las revistas y en los diarios, pegaron carteles y compraron masas y canapés. La reunión no estuvo mal. Hubo discursos, lágrimas, brindis y algún reencuentro emocionante. Pero la chica de apellido Gómez no concurrió.
Sin embargo, los Hombres Sensibles -que estaban allí en calidad de colados- no perdieron el tiempo y trataron de obtener datos entre los presentes.
El poeta conversó con Ines, compañera de banco de la morocha ausente.
- Gómez, claro -dijo la chica-. Estaba loca por Ferrari.
Allen no pudo soportarlo.
- Estaba loca por mí. - No, no... Bueno, eran cosas de chicos.
Cosas de chicos. Nada menos. Amores sin cálculo, rencores sin piedad, traiciones sin remordimiento.
El petiso Cáceres declaró haberla visto una vez en Paso del Rey. Y alguien se la había cruzado en el tren que iba a Moreno. Nada más.
Los muchachos del Angel Gris fueron olvidando el asunto. Pero Allen no se resignaba. Inútilmente buscó en sus cajones algún papel subrepticio, alguna anotación reveladora. Encontró la foto oficial de sexto grado. Se descubrió a sí mismo con una sonrisa de zonzo. La morochita estaba lejos, en los arrabales de la imagen, ajena a cualquier drama.
- ¡Ay, si supieras que te he llorado....! Si supieras que me gustaría mostrarte mi hombría... Si supieras todo lo que aprendí desde aquel tiempo...
Una noche de verano, el poeta se aburría con Manuel Mandeb en una churrasquería de Caseros. Un payador mediocre complacía los pedidos de la gente.
- Al de la mesa del fondo le canto sinceramente...
De pronto Allen tuvo una inspiración.
- Ese hombre canta lo que otros le mandan cantar. - Es el destino de los payadores de churrasquería. - Celia, la adivina, dijo que un hombre así conocia a mi novia... Mandeb copó la banca. - Acérquese, amigo.
El payador se sento en la mesa y aceptó una cerveza. Después de algunos vagos comentarios artísticos, el polígrafo fue al asunto. - Se me hace que usted conoce a una amiga nuestra. Se apellida Gómez, y creo que vivía por Paso del Rey. - Yo soy Gómez -dijo el cantor-. Y por esos barrios tengo una prima. Despues pulsó la guitarra, se levantó y abandonando la mesa se largó con una décima.
- Aca este amable señor conoce una prima mía que según creo vivía en la calle Tronador. Vaya mi canto mejor con toda mi alma de artista tal vez mi verso resista pa' saludar a esta gente y a mi prima, la del puente sobre el Río Reconquista.
Durante los siguientes días los Hombres Sensibles de Flores recorrieron Paso del Rey en las vecindades del río Reconquista, buscando la calle Tronador y una casa humilde con pilares rosados. Una tarde fueron atacados por unos lugareños levantiscos y dos noches después cayeron presos por sospechosos. Para facilitarse la investigación decían vender sábanas. Salzman y Mandeb levantaron docenas de pedidos.
Finalmente, la tarde que Jorge Allen cumplía treinta y cuatro años, el poeta y Mandeb descubrieron la casa. - Es aquí. Aquí están los pilares rosados. Mandeb era un hombre demasiado agudo como para tener esperanzas. - No me parece. Vámonos. Pero Allen tocó el timbre. Su amigo permaneció cerca del cordón de la vereda. - Aquí no es, rajemos. Nuevo timbrazo. Al rato salió una mujer gorda, morochita, vencida, avejentada. Un gesto forastero le habitaba el entrecejo. La boca se le estaba haciendo cruel. Los años son pesados para algunas personas. - Buenas tades -dijo la voz que alguna vez había alegrado un patio de baldosas grises. Pero no era suficiente. Ya la mujer estaba más cerca del desengaño que de la promesa. Y allí, a su frente, Jorge Allen, más niño que nunca, mirando por encima del
hombro de la Primera Novia, esperaba un milagro que no se producía. - Busco a una compañera de colegio -dijo-. Soy Allen, sexto grado B, turno mañana. La chica se llamaba Gómez. La mujer abrió los ojos y una niña de doce años sonrió dentro suyo. Se adelantó un paso y comenzó una risa amistosa con interjecciones evocativas. Rápido como el refucilo, en uno de los procedimientos más felices de su vida, Mandeb se adelantó. - Nos han dicho que vive por aquí... Yo soy Manuel Mandeb, mucho gusto. Y apretó la mano de la mujer con toda la fuerza de su alma, mientras le clavaba una mirada de súplica, de inteligencia o quizás de amenaza. Tal vez inspirada por los ángeles que siempre cuidan a los chicos, ella comprendió. - Encantada -murmuró-. Pero lamento no conocer a esa persona. Le habrán informado mal. - Por un momento pensé que era usted -respiró Allen-. Le ruego que nos disculpe. - Vamos -sonrió Mandeb-. La señora bien pudo haber sido tu alumna, viejo sinvergüenza... Los dos amigos se fueron en silencio.
Esa noche Mandeb volvió solo a la casa de los pilares rosados. Ya frente a la mujer morocha le dijo: - Quiero agradecerle lo que ha hecho.... - Lo siento mucho... No he tenido suerte, estoy avergonzada, míreme.... - No se aflija. El la seguira buscando eternamente. Y ella contestó, tal vez llorando: - Yo también. - Algun día todos nos encontraremos. Buenas noches, señora.
Las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive. En ese único sentido es indispensable buscar a la Primera Novia. El hombre sabio debera cuidar -eso sí- el detenerse a tiempo, antes de encontrarla.
El camino está lleno de hondas y entrañables tristezas. Jorge Allen siguió recorriéndolo hasta que él mismo se perdió en los barrios hostiles junto con todos los Hombres Sensibles.
Neftalí Ricardo Reyes. - poeta-
ALLÁ voy, allá voy, piedras, esperen!
Alguna vez o voz o tiempo
podemos estar juntos o ser juntos,
vivir, morir en ese gran silencio
de la dureza, madre del fulgor.
Alguna vez corriendo
por fuego de volcán o uva del río
o propaganda fiel de la frescura
o caminata inmóvil en la nieve
o polvo derribado en las provincias
de los desiertos, polvareda
de metales,
o aún más lejos, polar, patria de piedra,
zafiro helado,
antártica,
en este punto o puerto o parto o muerte
piedra seremos, noche sin banderas,
amor inmóvil, fulgor infinito,
luz de la eternidad, fuego enterrado,
orgullo condenado a su energía,
única estrella que nos pertenece.
Pablo Neruda
Alguna vez o voz o tiempo
podemos estar juntos o ser juntos,
vivir, morir en ese gran silencio
de la dureza, madre del fulgor.
Alguna vez corriendo
por fuego de volcán o uva del río
o propaganda fiel de la frescura
o caminata inmóvil en la nieve
o polvo derribado en las provincias
de los desiertos, polvareda
de metales,
o aún más lejos, polar, patria de piedra,
zafiro helado,
antártica,
en este punto o puerto o parto o muerte
piedra seremos, noche sin banderas,
amor inmóvil, fulgor infinito,
luz de la eternidad, fuego enterrado,
orgullo condenado a su energía,
única estrella que nos pertenece.
Pablo Neruda
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