los libros o textos enunciados existen en el acto de concebirlos, en el momento que precede a la creación.Poco importa que ese momento no llegue nunca, pertenecen ahora a la bibloteca de mi memoria. DAMASCENO MONTEIRO
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sábado, 24 de mayo de 2008
POR ESOS VINE A COMALA
Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo -me recomendó-. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.» Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Todavía antes me había dicho: -No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro. -Así lo haré, madre. Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la Esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.
ROBERTO ARLT
Al abrir la puerta de la gerencia, encristalada de vidrios japoneses, Erdosain quiso retroceder; comprendió que estaba perdido, pero ya era tarde.
"Vos estás casado con la literatura, yo la tengo de amante"
La verdad de las mentiras
JUAN CRUZ 24/05/2008
MARIO VARGAS LLOSA
Ahora escribe una novela sobre Roger Casement, el irlandés del siglo XIX que luchó contra el colonialismo en el Congo y en Perú; tiene la mesa llena de libros que luego serán deglutidos para convertirse en materia de ficción o de verdad, no se sabe, la novela será lo que él mismo llama la verdad de las mentiras. Esos libros que Mario Vargas Llosa apila en una mesa limpia, la mesa de una biblioteca pública, constituyen ya una bibliografía completa, pero serán luego una línea; los necesita devorar, siempre fue así, desde cadete, y ahora además que se ha cortado el pelo casi como para la mili, parece un cadete, y un opositor.
Mario Vargas Llosa sigue siendo un alumno que a sus 72 años (que cumplió el 28 de marzo) se prepara como si fuera a clase. Obsesivamente. Ha trabajado en bibliotecas de todas las ciudades donde ha vivido, desde Lima a Madrid, pasando por aquella de la que sido más asiduo, la del Museo Británico, en Londres. Ésta en la que su hija Morgana le ha cazado (y le ha cazado: ahí no se tolera mucho que se hagan fotos) es la New York Public Library, la biblioteca de Nueva York, a la que va todos los días, de lunes a viernes, de once a cinco de la tarde. Juan Carlos Onetti (sobre el que acaba de escribir un libro: de nuevo, en una biblioteca) le dijo un día: "Vos estás casado con la literatura, yo la tengo de amante". Y es así, él está casado con Patricia, pero además con la literatura, es su obligación obsesiva, y se la sigue tomando como cuando escribía en el Jute, el bar en el que hizo en Madrid parte de La ciudad y los perros, mientras estudiaba. Con libros, con cuadernos chiquitos y con su letra ascendente, y con su bolígrafo, que durante años siempre ha sido el mismo. Este que tiene en la mano se le extravió un día, a principios del año 2000; lo dejó en manos de un arquitecto tinerfeño, Carlos A. Schwartz, que le había dedicado un libro suyo de fotos sobre Santa Cruz junto a una escultura de Henry Moore. En el avión hacia París, Vargas Llosa se dispuso a tomar notas y advirtió que ese bolígrafo estaba extraviado. No paró hasta que deshizo el rastro y Schwartz le mandó, por courier, el bolígrafo con el que aparece aquí, con la camisa abierta, pelado casi como un recluta, con sus gafas cortadas, sentado de lado como si le fueran a llamar para tomarle la lección. La gente lo ve como si estuviera escribiendo la enésima novela, pero él la aborda con el mismo espíritu con que se sentó a escribir la primera.
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viernes, 23 de mayo de 2008
SIDNEY LUMET
SIDNEY LUMET
Director y guionista
ENTREVISTA:
"La gente pasa 10 horas frente al ordenador y lo llama comunicarse"
BARBARA CELIS - Nueva York - 23/05/2008
Su oficina se esconde en un majestuoso edificio residencial del Upper West Side de Nueva York en el que solían alojarse cantantes de ópera como Caruso o Pavarotti. "Se les escuchaba afinar la voz al caminar por los pasillos. Te obligaban a emocionarte a deshoras". Son las evocaciones de Sidney Lumet, cineasta de Filadelfia, de 83 años. Con ese pantalón vaquero a juego de su camisa vaquera y las zapatillas de deporte blanquísimas y esos pies que no llegan al suelo y se balancean como los de un niño desde una enorme silla frente al escritorio sin rastro de ordenador. "No tengo, y teléfono móvil tampoco". Sonríe, orgulloso y socarrón. Su aparato de televisión tiene por lo menos dos décadas y en lugar de DVD, aún tiene un vídeo. Y un fax al que sólo le faltan canas.
No es una cuestión de edad ni de rechazo a los tiempos modernos. Sidney Lumet, un realizador con Oscar honorífico en cuya filmografía se acumulan más de 40 títulos decisivos en la historia del cine -como Doce hombres sin piedad, Serpico o El veredicto- fue uno de los primeros directores que aparcó el celuloide para abrazar la alta definición. Ya ha filmado tres películas en ese formato, entre ellas Antes que el diablo sepa que estás muerto, un thriller protagonizado por Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke y Albert Finney en el que indaga en el lado oscuro del ser humano y las relaciones familiares. Hoy llega a los cines de España.
Pregunta. Usted lleva toda la vida trabajando en la industria del cine. ¿Ha cambiado mucho?
Respuesta. No demasiado. Cuando todo estaba en manos de los estudios era una pesadilla porque estabas a su merced. Ahora es parecido, sólo que los que ponen el dinero son inversores privados. Y en cierto modo son incluso peor porque no entienden nada de cine y gastas un montón de energía en convencerles de cosas obvias.
P. ¿Fue difícil financiar Antes que el diablo sepa...?
R. Sí, porque todos los personajes son odiosos y no hay un héroe con el que te puedas identificar. Pero me llegó el guión por correo y me enamoré, así que nos peleamos por hacerla. Ha sido muy divertido trabajar en esta película porque los personajes son malísimos [carcajada].
P. Y pese a ello, creíbles...
R. Porque ésa es la clave de una buena historia, que el espectador se la pueda creer.
P. En su filmografía ha explorado ese lado oscuro...
R. Lo que ocurre es que hay muy buenas historias que contar relacionadas con esa parte del ser humano. Y si creas una buena dimensión y razones que justifiquen las decisiones de los personajes, te sale una buena película.
P. Usted trabajó en televisión y en los años setenta dirigió la película Network, un mundo implacable, donde mostraba lo más aterrador de los entresijos de la tele. ¿Cómo ve ahora el rumbo de los medios de comunicación?
R. Es un desastre absoluto. Da miedo pensar que lo que triunfa sean los reality shows. Son increíblemente sádicos y lo que el público espera es humillación.
P. ¿Cree que Internet puede mejorar la situación?
R. Se pueden crear contenidos diferentes. La gente se pasa 10 horas frente al ordenador y lo triste es que piensa que está comunicándose...
P. ¿Por eso no tiene ordenador?
R. No lo necesito. Escribo a mano. Y no quiero que me impongan el estar siempre disponible. Si me buscan pueden llamarme por teléfono y dejar un mensaje en el contestador. Y en cuanto a Internet, creo que me queda poco tiempo de vida y prefiero invertirlo en aprender más sobre las personas que sobre las cosas.
P. Sin embargo, no se ha negado a abrazar las nuevas tecnologías para filmar.
R. Porque filmar en cine es carísimo, complicadísimo. Con la alta definición (HD) puedes utilizar más cámaras, tienes más luz y eso te permite darle más intensidad a las actuaciones, acercar el teatro al cine. Para mí la tecnología tiene que servir para mejorar la vida, no para complicarla. La HD es una bendición.
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