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domingo, 14 de junio de 2009

ya era tarde.

Al abrir la puerta de la gerencia, encristalada de vidrios japoneses, Erdosain quiso retroceder; comprendió que estaba perdido, pero ya era tarde.

COMALA

Quiso levantar su mano para aclarar la imagen; pero sus piernas la retuvieron como si
fuera de piedra. Quiso levantar la otra mano y fue cayendo despacio, de lado, hasta
quedar apoyada en el suelo como una muleta deteniendo su hombro deshuesado.
«Ésta es mi muerte», dijo.
El sol se fue volteando sobre las cosas y les devolvió su forma. La tierra en ruinas
estaba frente a él, vacía. El calor caldeaba su cuerpo. Sus ojos apenas se movían;
saltaban de un recuerdo a otro, desdibujando el presente. De pronto su corazón se
detenía y parecía como si también se detuviera el tiempo y el aire de la vida.
«Con tal de que no sea una nueva noche» , pensaba él.
Porque tenía miedo de las noches que le llenaban de fantasmas la oscuridad. De
encerrarse con sus fantasmas. De eso tenía miedo.
«Sé que dentro de pocas horas vendrá Abundio con sus manos ensangrentadas a
pedirme la ayuda que le negué. Y yo no tendré manos para taparme los ojos y no verlo.
Tendré que oírlo, hasta que su voz se apague con el día, hasta que se le muera su voz.»
Sintió que unas manos le tocaban los hombros y enderezó el cuerpo, endureciéndolo.
-Soy yo, don Pedro -dijo Damiana-. ¿No quiere que le traiga su almuerzo?
Pedro Páramo respondió:
-Voy para allá. Ya voy.
Se apoyó en los brazos de Damiana Cisneros e hizo intento de caminar. Después de
unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro; pero sin decir una sola palabra. Dio un
golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras.

Vine a Comala

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.
Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté
sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de
prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo -me recomendó-. Se llama de otro modo y de
este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.» Entonces no pude hacer otra cosa
sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a
mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Todavía antes me había dicho:
-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca
me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
-Así lo haré, madre.
Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de
sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo
alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi
madre. Por eso vine a Comala.

domingo, 7 de junio de 2009

ONETTI Y SUS LUGARES

ONETTI Y SUS LUGARES

Usted puede ir a Santa María cuando quiera.
Y sin que nada le cueste, sin viajar siquiera.

Escuche: ... Brausen.

Se estiró como para dormir la siesta y estuvo inventando Santa María y todas las historías. Está claro.

–Pero yo estuve allí. También usted.

–Está escrito, nada más.
Pruebas no hay.

Así que le repito: haga lo mismo.
Tírese en la cama, invente usted también.
Fabríquese la Santa María que más le guste, mienta, sueñe personas y cosas, sucesos.

EL EQUIPO SOÑADO

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E U S E B I O

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O N E T T I



a los 30 años cuando escribio EL POZO. era el año 1939.
un joven vago y soñador
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