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sábado, 5 de abril de 2008

Harto ya de estar harto, ya me cansé

Vagabundear
Harto ya de estar harto, ya me cansé
de preguntar al mundo Por qué y por qué
La rosa de los vientos me ha de ayudar
Y desde ahora vais a verme vagabundear,
entre el cielo y el mar
vagabundear.

Como un cometa de caña y de papel,
me iré tras una nube pa serle fiel
a los montes, los ríos, el sol y el mar.
A ellos que me enseñaron el verbo amar.
soy palomo torcaz,
dejadme entrar.

No me siento extrangero en ningún lugar,
donde haya lumbre y vino tengo mi hogar.
Y para no olvidarme de lo que fuí
mi patria y mi guitarra la llevo en mí,
Una es fuerte y es fiel,
la otra un papel.

No llores porque no me voy a quedar,
me diste todo lo que tu sabes dar,
La sombra que en la tarde da una pared
y el vino que me ayuda para olvidar mi sed.
Que más puede ofrecer
una mujer...

Es hermoso partir sin decir adiós,
serena la mirada, firme la voz.
Si de veras me buscas, me encontrarás,
es muy largo el camino para mirar atrás.
Qué más da, Qué más da,
aquí o allá

LISBON

 
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M L King 40 años - MENPHIS

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viernes, 4 de abril de 2008

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Eduardo Mendoza retoma la intriga
El catalán publica mañana 'El asombroso viaje de Pomponio Flato', regreso al género detectivesco de sus primeras novelas
EFE - Madrid - 26/03/2008

Eduardo Mendoza regresa con una nueva trama detectivesca, El asombroso viaje de Pomponio Flato, una historia que parodia el género histórico, el policíaco y la hagiografía, y que, según su editorial, Seix Barral, es la "más insólita e inesperada" del autor barcelonés.

Eduardo Mendoza regresa con una nueva trama detectivesca, El asombroso viaje de Pomponio Flato, una historia que parodia el género histórico, el policíaco y la hagiografía, y que, según su editorial, Seix Barral, es la "más insólita e inesperada" del autor barcelonés.

La novela discurre en el siglo I de nuestra era, cuando Pomponio Flato viaja por los confines del Imperio Romano en busca de unas aguas de efectos portentosos. Conducido por el azar y la precariedad de su fortuna, el protagnista de la novela llega a Nazaret, donde va a ser ejecutado el carpintero del pueblo, convicto del brutal asesinato de un rico ciudadano.

Pomponio se verá, muy a su pesar, inmerso en la solución del crimen tras ser contratado por el hijo del carpintero, un niño candoroso que está convencido de la inocencia de su padre, un hombre en apariencia pacífico y taciturno que, sin embargo, oculta un gran secreto.

Regreso al género que le consagró

La novela, que será presentada en Barcelona en abril, ajusta las cuentas con muchas novelas de consumo y construye, además, una nueva modalidad del género más característico de Mendoza, el de la trama detectivesca original e irónica.

Eduardo Mendoza, de 64 años, publicó en 2006 su anterior novela, Mauricio o las elecciones primarias, que obtuvo en 2007 el Premio Fundación José Manuel Lara Hernández a la mejor novela del año. Entre sus anteriores títulos figuran El último trayecto de Horacio Dos (2002), La aventura del tocador de señoras (2001) y Una comedia ligera (1996).

Mendoza logró el Premio de la Crítica con su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta (1975), a la que siguieron El misterio de la cripta embrujada (1979), El laberinto de las aceitunas (1982), La ciudad de los prodigios (1986) -Premio Ciudad de Barcelona-, La isla inaudita (1989), Sin noticias de Gurb (1991) y El año del diluvio (1992).

BEN MOLAR conocio a Gardel

¿Conoció a Gardel?
–Un día, mi mamá estaba mirando televisión y vio aparecer a Marquitos Zucker en la pantalla y me preguntó: “¿Lo ves a Marquitos?”. “Lo veo de tanto en tanto”, le contesté. Entonces ella me dijo: “Preguntale si se acuerda de Carlitos”. “¿Qué Carlitos?” “¿Cómo qué Carlitos? Hay uno solo, Carlitos Gardel.” Entonces me contó que cuando la mamá de Marquitos y ella eran jovencitas, llegaron a la Argentina en el mismo barco. Ahí se hicieron amigas. Entonces los domingos me llevaba a mí y a Marquitos, en ese entonces El pibe Garufa, que estaba empezando a cantar tangos, hasta la puerta de la calle Jean Jaurès 735, donde se decía que vivía Carlitos Gardel con la madre. Como en aquel entonces no había timbres en las puertas, mi mamá tomaba la aldaba y golpeaba. Y cuando aparecía Carlitos, nosotros piantábamos. Años más tarde, yo estaba parado donde me paraba todas las noches con Héctor Coire, Tono y Gogó Andreu, Marquitos Zucker y Julián Centeya, que en ese momento no era Julián Centeya sino Amleto Vergiati. En la Confitería La Real. De repente vimos aparecer a dos personajes mitológicos: César Tiempo y Carlitos Gardel. Iban cruzando la vereda hacia el teatro Smart, hoy Blanca Podestá. Ahí los estaba esperando Federico García Lorca. Se abrazaron. Nosotros desde la esquina de La Real imaginábamos todo.
¿Qué se habrán dicho?
–“Acá te presento a un amigo”, dijo César. “¡Qué amigo ni que amigo! ¡Somos como hermanos! ¡Venga un abrazo, yoyega!”, dijo Carlitos. “¡Sobre todo desde que le escuché cantar una jota!”, dijo Federico, pero eso lo inventé. Después pusieron una placa. “En el hall de este teatro se abrazaron Carlitos Gardel y Federico García Lorca.”
Raquelita: ¿Y abajo qué decía?
Ben: ¿Qué decía?
Raquelita: Con la presencia de Ben Molar.
Ben: Testigo presencial: Ben Molar. Lamentablemente esa placa de bronce de ochenta centímetros por cincuenta desapareció sin que hubiera explicaciones sobre quiénes la vendieron o la tiraron.
Raquelita: Qué vergüenza.


nota de DAMASCENO MONTEIRO

yo he visto esa placa en aquel teatro, hoy el teatro cambio de nombre, es algo asi como un politeatro, pero ya la placa no esta, Creo que esa placa fue sacada para mayor seriedad, pues las unicas cosas que pueden fingirse en un teatro son las que pasan en el escenario. Pero realmente era una placa estupenda y tanto Victor Lazlo como yo nos lo creimos, que es lo mejor que puede pasar en teatro, y llegamos a discutir que hacia alli nuestro amigo Ben Moloar, venderia chocolatinetas? no eran todas mentiras, creo que Molar puede ser nombrado el FINGIDOR DEL MES.
Pero fuera de chiste que sera hoy de la vida de Ben Molar?, debe ser un hombre de 93 o 94 años. Cuantos recuerdos, cuantos...........

BEN MOLAR

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