El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge ser dolor
El dolor que en verdad siente.
Y quienes leen lo que escribe
En el dolor leído sienten
No los dos que el poeta vive
Mas sólo aquél que no tienen.
Y así por las vías rueda
Y entretiene a la razón
El tren girando con cuerda
Que se llama corazón
los libros o textos enunciados existen en el acto de concebirlos, en el momento que precede a la creación.Poco importa que ese momento no llegue nunca, pertenecen ahora a la bibloteca de mi memoria. DAMASCENO MONTEIRO
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sábado, 22 de marzo de 2008
TABAQUERIA
TABAQUERIA
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones del mundo que nadie sabe quién es
(Y si supieran quién es, qué sabrían?),
De ahí para el misterio de una calle cruzada constántemente por gente,
Para una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposíblemente real, cierta, desconocídamente cierta,
Con el misterio de las cosas por debajo de las piedras y de los seres,
Con la muerte por la humedad en las paredes y pelos blancos en los hombres,
Con el Destino conduciendo la carroza de todo por la avenida de nada.
Estoy hoy vencido, como si supiera la verdad.
Estoy hoy lúcido, como si estuviera para morir,
Y no tuviera más hermandad con las cosas
Sinó una despedida, tornándose esta casa y este lado de la calle
La hilera de carruajes de un convoy, y una partida silbatada
De dentro de mí cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos en la ida.
Estoy hoy perplejo, como quien pensó y creyó y olvidó.
Estoy hoy dividido entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fallé en todo.
Como no hice propósito ninguno, tal vez todo fuera nada.
El aprendizaje que me dieron,
Descendí de ella por la ventana de los fondos de la casa.
Fui hasta el campo con grandes propósitos.
Mas allá encontré sólo hierbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Salgo de la ventana, me siento en una silla. En qué he de pensar?
Qué se to de lo que seré, yo que no sé lo que soy?
Ser lo que pienso? Pero pienso tanta cosa!
Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber tantos!
Genio? En este momento
Cien mil cerebros se conciben en sueño genios como yo,
Y la historia no marcará, quién sabe?, ni uno,
Ni habrá sinó mierda de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
En todos los manicomios hay enfermos locos con tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí...
En cuántas mansardas y no-mansardas del mundo
No estan en este momento genios-para-sí-mismos soñando?
Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas -
Sí, verdaréramente altas y nobles y lúcidas -,
Y quién sabe si realizables,
Nunca verán la luz del sol real ni hallarán oidos de gente?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
Tengo soñado más que lo que Napoleón hizo.
Tengo apretado al pecho hipotético más humanidades que las de Cristo,
Tengo hechas filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Mas soy, y tal vez seré siempre, el de la mansarda,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para eso;
Seré siempre sólo el que tenga cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta,
Y cantó la canción del Infinito en una capoeira,
Y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
Creer en mí? No, ni en nada.
Derrameme la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me halla el pelo,
E el resto que venga si viene, o tenga que venir, o no venga
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Mas despertamos y él es opaco,
Nos levantamos y él es ajeno,
Salimos de casa y él es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Via Láctea y el Indefinido.
(Come chocolates, pequeña;
Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo sinó chocolates.
Mira que las religiones todas no enseñan más que la confitería.
Come, pequeña sucia, come!
Pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso y, al tirar el papel de plata, que es de hoja de estaño,
Dejo todo por el suelo, como hube dejado la vida.)
Pero al menos queda de la amargura de lo que nunca seré
La caligrafia rapida de estos versos,
Pórtico partido para el Imposible.
Pero al menos consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos en el gesto largo con el que tiro
La ropa sucia que soy, en rol, para el decurso de las cosas,
Y quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua que fuera viva,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilisima y colorida,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y lejana,
O cocot(*) célebre del tiempo de nuestros padres,
O no sé qué moderno - no concibo bien el qué -
Todo eso, sea lo que fuere, que seas, si puede inspirar que inspire!
Mi corazón es un balde despejado.
Como los que invocan espíritus invocan espíritus invoco
A mí mismo y no encuentro nada.
Llego a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo los paseos, veo los autos que pasan,
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los canes que también existen,
Y todo esto me pesa como una condena al exilio,
Y todo esto es extranjero, como todo.)
Viví, estudié, amé y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo que yo no envidie solo por no ser yo.
Miro a cada uno de los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca vivieras ni estudiaras ni amases ni creyeras
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
Tal vez hallas existido apenas, como un lagarto a quien cortan el rabo
Y que es rabo para abajo del lagarto remezcládamente
Hice de mí lo que supe
Y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El dominó(**) que vestí era yerrado.
Conociéronme después por quien no era y no desmentí, y me perdí.
Cuando quise sacar la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la saqué y me vi al espejo,
Ya había envejecido.
Estaba ebrio, ya no sabía vestir el dominó que no había sacado.
Dejé fuera la máscara y dormi en el bestiario
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
Quien me diera encontrarme como cosa que yo hiciera,
Y no quedase siempre delante de la Tabaquería de delante,
Tacoñando a los pies la consciencia de estar exisitendo,
Como un tapete en que un borracho tropieza
O un felpudo que los gitanos robaron y no valia nada.
Mas el Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta y se quedó en la puerta.
Lo miró con el desconforto de la cabeza mal girada
Y con el desconforto de la alma mal-entendiendo.
Él morirá o yo moriré.
Él dejará la pizarra, yo dejaré los versos.
A cierta altura morirá la pizarra también, los versos también.
Después de cierta altura morirá la calle donde estuvo la pizarra,
Y la lengua en que fueran escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto se dio.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente
Continuará hacienco cosas como versos y viviendo por bajo de cosas como pizarras,
Siempre una cosa de frente de la otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra,
Siempre el imposible tan estúpido como el real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño de miterio de la superficie,
Siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.
Mas un hombre entró en la Tabaquería (para comprar tabaco?)
Y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me semiergo enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la libertación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como una ruta propia,
Y gozo, en un momento sensitivo y competente,
La libertación de todas las especulaciones
Y la consciencia de que la metafísica es una consecuencia de estar mal dispuesto.
Después me dejo para atrás en la silla
Y continúo fumando.
Mientras el Destino me lo conceda, continuaré fumando.
(Si yo me casara con la hija de mi lavandera
Tal vez fuera feliz.)
Visto eso, me levanto de la silla. Voy a la ventana.
El hombre salió de la Tabaquería (metiendo cambio en el bolsillo de las calzas?)
Ah, lo conozco, es Estevez sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino Estevez se dio vuelta y me vio.
Me señó adiós, le grité Adios Oh Estevez!, y el universo
Se me renconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la Tabaquería sonrió.
Álvaro de Campos
15-1-1928
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones del mundo que nadie sabe quién es
(Y si supieran quién es, qué sabrían?),
De ahí para el misterio de una calle cruzada constántemente por gente,
Para una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposíblemente real, cierta, desconocídamente cierta,
Con el misterio de las cosas por debajo de las piedras y de los seres,
Con la muerte por la humedad en las paredes y pelos blancos en los hombres,
Con el Destino conduciendo la carroza de todo por la avenida de nada.
Estoy hoy vencido, como si supiera la verdad.
Estoy hoy lúcido, como si estuviera para morir,
Y no tuviera más hermandad con las cosas
Sinó una despedida, tornándose esta casa y este lado de la calle
La hilera de carruajes de un convoy, y una partida silbatada
De dentro de mí cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos en la ida.
Estoy hoy perplejo, como quien pensó y creyó y olvidó.
Estoy hoy dividido entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fallé en todo.
Como no hice propósito ninguno, tal vez todo fuera nada.
El aprendizaje que me dieron,
Descendí de ella por la ventana de los fondos de la casa.
Fui hasta el campo con grandes propósitos.
Mas allá encontré sólo hierbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Salgo de la ventana, me siento en una silla. En qué he de pensar?
Qué se to de lo que seré, yo que no sé lo que soy?
Ser lo que pienso? Pero pienso tanta cosa!
Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber tantos!
Genio? En este momento
Cien mil cerebros se conciben en sueño genios como yo,
Y la historia no marcará, quién sabe?, ni uno,
Ni habrá sinó mierda de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
En todos los manicomios hay enfermos locos con tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí...
En cuántas mansardas y no-mansardas del mundo
No estan en este momento genios-para-sí-mismos soñando?
Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas -
Sí, verdaréramente altas y nobles y lúcidas -,
Y quién sabe si realizables,
Nunca verán la luz del sol real ni hallarán oidos de gente?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
Tengo soñado más que lo que Napoleón hizo.
Tengo apretado al pecho hipotético más humanidades que las de Cristo,
Tengo hechas filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Mas soy, y tal vez seré siempre, el de la mansarda,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para eso;
Seré siempre sólo el que tenga cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta,
Y cantó la canción del Infinito en una capoeira,
Y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
Creer en mí? No, ni en nada.
Derrameme la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me halla el pelo,
E el resto que venga si viene, o tenga que venir, o no venga
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Mas despertamos y él es opaco,
Nos levantamos y él es ajeno,
Salimos de casa y él es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Via Láctea y el Indefinido.
(Come chocolates, pequeña;
Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo sinó chocolates.
Mira que las religiones todas no enseñan más que la confitería.
Come, pequeña sucia, come!
Pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso y, al tirar el papel de plata, que es de hoja de estaño,
Dejo todo por el suelo, como hube dejado la vida.)
Pero al menos queda de la amargura de lo que nunca seré
La caligrafia rapida de estos versos,
Pórtico partido para el Imposible.
Pero al menos consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos en el gesto largo con el que tiro
La ropa sucia que soy, en rol, para el decurso de las cosas,
Y quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua que fuera viva,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilisima y colorida,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y lejana,
O cocot(*) célebre del tiempo de nuestros padres,
O no sé qué moderno - no concibo bien el qué -
Todo eso, sea lo que fuere, que seas, si puede inspirar que inspire!
Mi corazón es un balde despejado.
Como los que invocan espíritus invocan espíritus invoco
A mí mismo y no encuentro nada.
Llego a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo los paseos, veo los autos que pasan,
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los canes que también existen,
Y todo esto me pesa como una condena al exilio,
Y todo esto es extranjero, como todo.)
Viví, estudié, amé y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo que yo no envidie solo por no ser yo.
Miro a cada uno de los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca vivieras ni estudiaras ni amases ni creyeras
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
Tal vez hallas existido apenas, como un lagarto a quien cortan el rabo
Y que es rabo para abajo del lagarto remezcládamente
Hice de mí lo que supe
Y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El dominó(**) que vestí era yerrado.
Conociéronme después por quien no era y no desmentí, y me perdí.
Cuando quise sacar la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la saqué y me vi al espejo,
Ya había envejecido.
Estaba ebrio, ya no sabía vestir el dominó que no había sacado.
Dejé fuera la máscara y dormi en el bestiario
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
Quien me diera encontrarme como cosa que yo hiciera,
Y no quedase siempre delante de la Tabaquería de delante,
Tacoñando a los pies la consciencia de estar exisitendo,
Como un tapete en que un borracho tropieza
O un felpudo que los gitanos robaron y no valia nada.
Mas el Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta y se quedó en la puerta.
Lo miró con el desconforto de la cabeza mal girada
Y con el desconforto de la alma mal-entendiendo.
Él morirá o yo moriré.
Él dejará la pizarra, yo dejaré los versos.
A cierta altura morirá la pizarra también, los versos también.
Después de cierta altura morirá la calle donde estuvo la pizarra,
Y la lengua en que fueran escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto se dio.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente
Continuará hacienco cosas como versos y viviendo por bajo de cosas como pizarras,
Siempre una cosa de frente de la otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra,
Siempre el imposible tan estúpido como el real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño de miterio de la superficie,
Siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.
Mas un hombre entró en la Tabaquería (para comprar tabaco?)
Y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me semiergo enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la libertación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como una ruta propia,
Y gozo, en un momento sensitivo y competente,
La libertación de todas las especulaciones
Y la consciencia de que la metafísica es una consecuencia de estar mal dispuesto.
Después me dejo para atrás en la silla
Y continúo fumando.
Mientras el Destino me lo conceda, continuaré fumando.
(Si yo me casara con la hija de mi lavandera
Tal vez fuera feliz.)
Visto eso, me levanto de la silla. Voy a la ventana.
El hombre salió de la Tabaquería (metiendo cambio en el bolsillo de las calzas?)
Ah, lo conozco, es Estevez sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino Estevez se dio vuelta y me vio.
Me señó adiós, le grité Adios Oh Estevez!, y el universo
Se me renconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la Tabaquería sonrió.
Álvaro de Campos
15-1-1928
EL POETA ES UN FINGIDOR
De la serie EL POETA ES UN FINGIDOR
UNO Y LOS OTROS
FERNANDO PESSOA, ALVARO DE CAMPOS & ASOCIADOS
CARTAS Y POEMAS
CORRESPONDENCIA
1. Carta de Ofelia Quiroz a Fernando Pessoa
«Mi adorado Fernandinho...»
«Es medianoche, me estoy adormilando, pero estoy pensando siempre en mi amor. ¿También él estará pensando en su bebé? Me temo que no. Estoy triste y confusa. Acabo de hablar con el joven que quiere cortejarme y siento siempre las mismas cosas que tanto me hacen pensar en mi Fernandinho, al amor que tengo por él, y si es suficientemnte sincero el amor que él dice sentir por mí, si merece el sacrifico que estoy haciendo. Estoy rechazando a un muchaco que me adora [...] Dime, pues, francamente, si soy algo para ti, mi Fernandinho.
¿Me has dicho alguna vez que es lo que piensas realmente, qué quieres hacer conmigo? No, no sé nada. Sólo sé que te amo y nada más. Pero eso no basta. Estoy completamente entregada a mi Fernandinho. ¿Qué recompensa tendré? Te seré clara. Temo que tus efluvios de amor terminen pronto [...] Temo que me digas, amor mío, que tengo razón al pensar así. ¿Tendré de ti la recompensa que merezco? Temo que no la tendré, dado que nunca me has hablado de ello.
Te juro, Fernandinho mío, que prefiero alejarme de ti para siempre, por mucho que me cueste hacerlo, antes de pensar que nunca seré tuya y que tendré que continuar como ahora.
Fernandinho, si nunca pensaste en formar una familia y si tampoco ahora lo piensas, te pido en nombre de todo y en nombre de la alegría de tu hermana, que me lo digas por escrito, que me comuniques tus intenciones sobre mí (¡y no olvides las numerosísimas veces que me has dicho, no que me amas, sino que me adoras!). Porque si tus intenciones no fuesen lo que yo tanto deseo, prefiero romper para siempre nuestra (mejor dicho) mi amistad...»
(28 de febrero de 1920).
2
. sus cartas fueron escritas como el solo supo escribirlas por aquellos tiempos, en poema como el que sigue, y fue Alvaro de Campos el poeta, ingeniero de Glasgow quien dijo:
¿Me querían casado, fútil, cotidiano y tributable?
¿Me querían lo contrario de esto, o lo contrario de cualquier cosa?
Si yo fuese otra persona, les haría, a todos, a voluntad.
Así, como soy, ¡tengan paciencia!
¡Váyanse al diablo sin mí,
O déjenme ir solo al diablo!
¿Para qué tenemos que ir juntos?
¡No me tomen del brazo!
No gusto que me tomen del brazo. Quiero ser solo.
¡Ya dije que soy solo!
Ah, qué trampa quieren que yo sea de la compañía!
domingo, 16 de marzo de 2008
Wolfe: "Piazzolla fue mejor que Gershwin"
El autor de La hoguera de las vanidades vendrá a la Feria del Libro y anticipa que irá a escuchar y a bailar tango
AYER HABLO DESDE MIAMI SOBRE LA MUERTE DE LA NOVELA, HOY SIGUE CON LA MUERTE, AHORA DE PIAZZOLA. ESTA PREPARANDO SU LLEGADA A BUENOS AIRES PARA LA FERIA DEL LIBRO.
NUEVA YORK.- "Mi única obsesión en términos de música es la que fue producida en la Argentina en los últimos 50 años", asegura Tom Wolfe a un gigantesco auditorio vacío en una de las librerías más grandes del centro de Manhattan.
Son las cinco de la tarde y Wolfe está practicando al micrófono lo que les dirá a sus cientos de fans dos horas más tarde para introducir el espectáculo que dará con Fernando Otero, su admirado compositor y pianista porteño. Se trata de la última edición de esta semana de una serie de encuentros organizados por la escritora Katherine Lanpher entre grandes escritores y sus músicos favoritos. "A Tom sólo podíamos ponerlo con un argentino", confiesa ella, y Otero cuenta que en el e-mail en el que Wolfe lo invitaba a participar le puso que ambos estaban conectados por una necesidad de innovación permanente". Eso, y "una comunicación directa que va al corazón, al centro neural, sin pasar por el cerebro", Wolfe asegura que son características que "hoy sólo encuentra" en la música argentina.
"Dos años atrás fuimos a Buenos Aires puramente a escuchar tango", aclara a LA NACION Sheila, la mujer de Wolfe, mientras él se queja de que, con la pierna enyesada de ella, no podrán bailar cuando vayan el mes próximo a la Feria del Libro. "Algunos pasos intentaremos", se ilusiona él camino de un cuartito escondido donde se realizará la entrevista con LA NACION.
Wolfe, autor de las novelas La Hoguera de las vanidades , Un hombre completo y Yo soy Charlotte Simmons , además de figura fundacional del llamado Nuevo Periodismo, no da vueltas en sus gustos musicales: "Piazzolla fue, sin lugar a dudas, el mejor músico que tuvo el siglo XX", asegura.
"A pesar de que uno piensa en el tango siempre como música popular, al menos en Estados Unidos, lo que hizo Piazzolla fue profundamente complejo y pudo capturar los sonidos del siglo XX. Ningún otro compositor en el mundo lo logró. Nosotros tuvimos a Gershwin, pero como en ese momento la música seria se estaba volviendo muy popular, nuestra aristocracia encantadora tomó la actitud de hagamos a la música seria realmente impopular , y esa ha sido la línea de la Academia americana desde entonces", lamentó.
Lo absurdo de la "aristocracia encantadora", que es la manera en la que Wolfe siempre se refiere a las elites intelectuales de centro-izquierda, ha sido uno de los temas más constantes de su obra. Poco después de su llegada a Nueva York escribió un ensayo de 15.000 palabras contra el texto más sagrado de dicho grupo, la revista New Yorker , que muchos miembros de la intelligentsia jamás le han perdonado. Lejos de retraerse, Wolfe ha ido apilando ataques contra ellos desde todo punto vista: literario, social, estético y, ahora, musical.
Pero eso no es todo. Pocas cosas pueden resultar más irritantes para las clases educadas de la Costa Este que un dandy del Sur (Wolfe nació en 1931 en Richmond, Virginia, una ciudad segregada y, con su emblemático traje blanco, se sigue vistiendo como si jamás hubiera puesto un pie demasiado lejos de las plantaciones) se divierta con las políticas raciales. Y eso es precisamente lo que Wolfe ha hecho desde los días de la lucha por las libertades civiles y que vuelve a abordar en su próxima novela, ambientada en Miami.
"Se llamará Back to Blood y es sobre la inmigración, sobre el choque entre razas y grupos por la mezcla de cubanos, haitianos, rusos, nicaragüenses y personas de tantos otros países que están allí, muchas de las cuales han llegado en tiempos relativamente recientes", dice. El texto que leerá está lleno de palabras en castellano-particularmente insultos- que Wolfe pronuncia de manera impecable, deleitandose ante el buen oído que sabe que tiene para el dialogo de la gente en las calles. Por supuesto, esto es una marca distintiva de su trabajo, y no solo de ficción.
"En mi opinión nuevo periodismo es una definición técnica. un uso de las herramientas que tiene la ficción para atrapar al lector. Entonces, en vez de hacer una narrativa histórica, se construye la historia escena a escena, poniendo cuanto más diálogo posible, ya que el diálogo es lo más fácil de leer. También significa contar lo que pasó desde el punto de vista de uno de los personajes, y poner cómo eran los muebles que lo rodeaban, la casa, cómo hablaba con sus superiores, sus inferiores, en fin, poner todas esas cosas que reflejan clase y status. Eso sí, sin jamás alejarse de la verdad. Es decir, nada inventado. Hoy el término Nuevo Periodismo se usa para referirse a quienes escriben de manera impresionista, o quienes ponen lo que creen que es la verdad aún si no pasó, o las memorias personales", cuenta disgustado.
En cuanto a la ficción, Wolfe explica que realiza una investigación antes de escribir comparable a la que hace para sus trabajos periodísticos. "Lo más importante es el descubrimiento, juntar la información e ir directo a contar lo que pasó", dice. Caso contrario se arruina la literatura como se arruinó la música seria en Estados Unidos al tratar de ponerla en moldes predeterminados.
-¿Cómo se involucró con la música argentina?
-Por total casualidad. Mi mujer estaba conversando con alguien sobre los conciertos que hay en Central Park en el verano y esta persona, que ni recuerdo el nombre, le dijo, "tengo estos discos realmente interesantes de un hombre llamado Astor Piazzolla, ¿no querrías escucharlos?" Esto fue un par de años atrás; el minuto que sentí su música inmediatamente pensé: está es la música del siglo XX.
-¿Y en Estados Unidos no hubo música del siglo XX?
-¡Claro! En este país tuvimos compositores como Piazzolla, pero nunca llegaron tan lejos como él. Gershwin es muy bueno, naturalmente, y supo meter los sonidos de la ciudad de Nueva York en su trabajo. También tuvimos a Duke Ellington y a un hombre llamado Rudolf Friml. Pero entonces Schoenberg llegó y se empezó a mirar a todos los que hacían esto como figuras populares, y por ende menores. Tengo entendido que en algún momento algo así pasó con Piazzolla. Y, sinceramente, Piazzolla fue mejor que Gershwin y que cualquiera de los nuestros.
-¿Y qué espera de esta visita a Buenos Aires?
-La vez pasada fui a la Argentina exclusivamente a escuchar la música de Piazzolla pero, claro, allí inevitablemente recorrimos todo lo vinculado con Carlos Gardel también. Fuimos a los teatros, a los bares, a ver bailar en la calle los domingos en San Telmo y aprendí que, para bailar, en realidad Piazzolla definitivamente no es lo mejor. Ah, y fuimos al puerto. A la pasada, me di cuenta de cómo me gusta el estilo francés de Buenos Aires, la belleza de los bulevares. Una de las cosas que en esta vuelta espero explorar.
Por Juana Libedinsky
Para LA NACION
AYER HABLO DESDE MIAMI SOBRE LA MUERTE DE LA NOVELA, HOY SIGUE CON LA MUERTE, AHORA DE PIAZZOLA. ESTA PREPARANDO SU LLEGADA A BUENOS AIRES PARA LA FERIA DEL LIBRO.
NUEVA YORK.- "Mi única obsesión en términos de música es la que fue producida en la Argentina en los últimos 50 años", asegura Tom Wolfe a un gigantesco auditorio vacío en una de las librerías más grandes del centro de Manhattan.
Son las cinco de la tarde y Wolfe está practicando al micrófono lo que les dirá a sus cientos de fans dos horas más tarde para introducir el espectáculo que dará con Fernando Otero, su admirado compositor y pianista porteño. Se trata de la última edición de esta semana de una serie de encuentros organizados por la escritora Katherine Lanpher entre grandes escritores y sus músicos favoritos. "A Tom sólo podíamos ponerlo con un argentino", confiesa ella, y Otero cuenta que en el e-mail en el que Wolfe lo invitaba a participar le puso que ambos estaban conectados por una necesidad de innovación permanente". Eso, y "una comunicación directa que va al corazón, al centro neural, sin pasar por el cerebro", Wolfe asegura que son características que "hoy sólo encuentra" en la música argentina.
"Dos años atrás fuimos a Buenos Aires puramente a escuchar tango", aclara a LA NACION Sheila, la mujer de Wolfe, mientras él se queja de que, con la pierna enyesada de ella, no podrán bailar cuando vayan el mes próximo a la Feria del Libro. "Algunos pasos intentaremos", se ilusiona él camino de un cuartito escondido donde se realizará la entrevista con LA NACION.
Wolfe, autor de las novelas La Hoguera de las vanidades , Un hombre completo y Yo soy Charlotte Simmons , además de figura fundacional del llamado Nuevo Periodismo, no da vueltas en sus gustos musicales: "Piazzolla fue, sin lugar a dudas, el mejor músico que tuvo el siglo XX", asegura.
"A pesar de que uno piensa en el tango siempre como música popular, al menos en Estados Unidos, lo que hizo Piazzolla fue profundamente complejo y pudo capturar los sonidos del siglo XX. Ningún otro compositor en el mundo lo logró. Nosotros tuvimos a Gershwin, pero como en ese momento la música seria se estaba volviendo muy popular, nuestra aristocracia encantadora tomó la actitud de hagamos a la música seria realmente impopular , y esa ha sido la línea de la Academia americana desde entonces", lamentó.
Lo absurdo de la "aristocracia encantadora", que es la manera en la que Wolfe siempre se refiere a las elites intelectuales de centro-izquierda, ha sido uno de los temas más constantes de su obra. Poco después de su llegada a Nueva York escribió un ensayo de 15.000 palabras contra el texto más sagrado de dicho grupo, la revista New Yorker , que muchos miembros de la intelligentsia jamás le han perdonado. Lejos de retraerse, Wolfe ha ido apilando ataques contra ellos desde todo punto vista: literario, social, estético y, ahora, musical.
Pero eso no es todo. Pocas cosas pueden resultar más irritantes para las clases educadas de la Costa Este que un dandy del Sur (Wolfe nació en 1931 en Richmond, Virginia, una ciudad segregada y, con su emblemático traje blanco, se sigue vistiendo como si jamás hubiera puesto un pie demasiado lejos de las plantaciones) se divierta con las políticas raciales. Y eso es precisamente lo que Wolfe ha hecho desde los días de la lucha por las libertades civiles y que vuelve a abordar en su próxima novela, ambientada en Miami.
"Se llamará Back to Blood y es sobre la inmigración, sobre el choque entre razas y grupos por la mezcla de cubanos, haitianos, rusos, nicaragüenses y personas de tantos otros países que están allí, muchas de las cuales han llegado en tiempos relativamente recientes", dice. El texto que leerá está lleno de palabras en castellano-particularmente insultos- que Wolfe pronuncia de manera impecable, deleitandose ante el buen oído que sabe que tiene para el dialogo de la gente en las calles. Por supuesto, esto es una marca distintiva de su trabajo, y no solo de ficción.
"En mi opinión nuevo periodismo es una definición técnica. un uso de las herramientas que tiene la ficción para atrapar al lector. Entonces, en vez de hacer una narrativa histórica, se construye la historia escena a escena, poniendo cuanto más diálogo posible, ya que el diálogo es lo más fácil de leer. También significa contar lo que pasó desde el punto de vista de uno de los personajes, y poner cómo eran los muebles que lo rodeaban, la casa, cómo hablaba con sus superiores, sus inferiores, en fin, poner todas esas cosas que reflejan clase y status. Eso sí, sin jamás alejarse de la verdad. Es decir, nada inventado. Hoy el término Nuevo Periodismo se usa para referirse a quienes escriben de manera impresionista, o quienes ponen lo que creen que es la verdad aún si no pasó, o las memorias personales", cuenta disgustado.
En cuanto a la ficción, Wolfe explica que realiza una investigación antes de escribir comparable a la que hace para sus trabajos periodísticos. "Lo más importante es el descubrimiento, juntar la información e ir directo a contar lo que pasó", dice. Caso contrario se arruina la literatura como se arruinó la música seria en Estados Unidos al tratar de ponerla en moldes predeterminados.
-¿Cómo se involucró con la música argentina?
-Por total casualidad. Mi mujer estaba conversando con alguien sobre los conciertos que hay en Central Park en el verano y esta persona, que ni recuerdo el nombre, le dijo, "tengo estos discos realmente interesantes de un hombre llamado Astor Piazzolla, ¿no querrías escucharlos?" Esto fue un par de años atrás; el minuto que sentí su música inmediatamente pensé: está es la música del siglo XX.
-¿Y en Estados Unidos no hubo música del siglo XX?
-¡Claro! En este país tuvimos compositores como Piazzolla, pero nunca llegaron tan lejos como él. Gershwin es muy bueno, naturalmente, y supo meter los sonidos de la ciudad de Nueva York en su trabajo. También tuvimos a Duke Ellington y a un hombre llamado Rudolf Friml. Pero entonces Schoenberg llegó y se empezó a mirar a todos los que hacían esto como figuras populares, y por ende menores. Tengo entendido que en algún momento algo así pasó con Piazzolla. Y, sinceramente, Piazzolla fue mejor que Gershwin y que cualquiera de los nuestros.
-¿Y qué espera de esta visita a Buenos Aires?
-La vez pasada fui a la Argentina exclusivamente a escuchar la música de Piazzolla pero, claro, allí inevitablemente recorrimos todo lo vinculado con Carlos Gardel también. Fuimos a los teatros, a los bares, a ver bailar en la calle los domingos en San Telmo y aprendí que, para bailar, en realidad Piazzolla definitivamente no es lo mejor. Ah, y fuimos al puerto. A la pasada, me di cuenta de cómo me gusta el estilo francés de Buenos Aires, la belleza de los bulevares. Una de las cosas que en esta vuelta espero explorar.
Por Juana Libedinsky
Para LA NACION
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