los libros o textos enunciados existen en el acto de concebirlos, en el momento que precede a la creación.Poco importa que ese momento no llegue nunca, pertenecen ahora a la bibloteca de mi memoria. DAMASCENO MONTEIRO
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viernes, 23 de marzo de 2007
CIRCO SARRASANI
1935. El Circo Sarrasani se instala en el predio de Retiro y convoca a una multitud de público
Foto: Gentileza Gustavo Bernstein
El 20 de julio de 1935, bajo una de las carpas de este circo nací. Mama era la muchacha del circo, que un día cansada la mano soltó.
Papá era el acomodador de este circo, que quedaba donde ahora esta el Diario La Nación.
Papá nunca pudo a pesar de su esfuerzo acomodarse en su vida. Pero se pasó la vida pasando programas, era un buen servidor.
El Cine Metropol, la piojera de Lavalle fue su destino final.
Yo seguí la carrera circense, hasta que entre como cadete en Harrods. Seguramente que el lector conoció al enanito que animaba desde las puertas de Florida a los paseantes a entrar en las Grandes Tiendas. Si, ese era yo
Fundido Final
El enano maldito (yo fui Chucky), ahora estoy en recuperación
El rey de la pantomima desapareció en el último incendio de la Baixa en Lisboa, durante la última actuación de Gran circo de LISBOA
Damasceno Monteirocontable, actor y payaso
jueves, 22 de marzo de 2007
miércoles, 21 de marzo de 2007
CARTA DE JAMES JOYCE
Carta de James Joyce
27 de febrero de 1941, muere James Joyce, escritor irlandés renovador de la literatura. Su fama es debida a obras como Dublineses, Retrato del artista adolescente y, sobre todo, Ulises. Y ya que hablamos de él y siguiendo la consigna del boletín, reproduciremos una carta de alto contenido erótico dirigida a su mujer Nora. Corría el año 1909, y James Joyce vivía en Trieste con su familia. A fines de octubre, viajó a Dublín por negocios hasta fines de diciembre. Había hecho un acuerdo con su esposa: escribirse cartas voluptuosas y subidas de tono. De ese intercambio epistolar, va esta pieza (tan pero tan picantona que hemos debido censurar partes):
Dublín, Diciembre 9, 1909
[...] Aquí está otro billete para comprar lindos calzones o medias o ligas. Compra calzones de puta, amor, y asegúrate de rociarles las piernas con algún agradable aroma y también de mancharlas un poquito atrás. Pareces ansiosa de saber cómo recibí tu carta que dices es peor que la mía. ¿Cómo que es peor que la mía, amor? Sí, es peor en una o dos partes. Me refiero a la parte en la que dices que lo harás con tu lengua [...] y en esa amable palabra que escribiste bien grande y subrayada, pequeña canalla. Es excitante escuchar esa palabra (y una o dos más que no escribiste) en los labios de una chica. Pero prefiero que hables de ti y no de mí. Escríbeme una larga, larga carta, llena de esas y otras cosas, acerca de ti, querida. Ahora ya sabes cómo regalarme una erección. Dime las más pequeñas cosas acerca de ti tan detalladamente mientras sean obscenas, sucias y secretas. No escribas otra cosa. Deja a cada oración llenarse de sucias e impúdicas palabras y sonidos. Son lo más amo oír y ver en el papel, porque las más sucias son las más hermosas. Las dos partes de tu cuerpo que hacen cosas sucias son las más amadas por mí. [...] Buenas noches mi pequeño coñito, me voy a acostar y jalármela hasta acabar. Escribe más y más sucio, querida. [...]
JIM
27 de febrero de 1941, muere James Joyce, escritor irlandés renovador de la literatura. Su fama es debida a obras como Dublineses, Retrato del artista adolescente y, sobre todo, Ulises. Y ya que hablamos de él y siguiendo la consigna del boletín, reproduciremos una carta de alto contenido erótico dirigida a su mujer Nora. Corría el año 1909, y James Joyce vivía en Trieste con su familia. A fines de octubre, viajó a Dublín por negocios hasta fines de diciembre. Había hecho un acuerdo con su esposa: escribirse cartas voluptuosas y subidas de tono. De ese intercambio epistolar, va esta pieza (tan pero tan picantona que hemos debido censurar partes):
Dublín, Diciembre 9, 1909
[...] Aquí está otro billete para comprar lindos calzones o medias o ligas. Compra calzones de puta, amor, y asegúrate de rociarles las piernas con algún agradable aroma y también de mancharlas un poquito atrás. Pareces ansiosa de saber cómo recibí tu carta que dices es peor que la mía. ¿Cómo que es peor que la mía, amor? Sí, es peor en una o dos partes. Me refiero a la parte en la que dices que lo harás con tu lengua [...] y en esa amable palabra que escribiste bien grande y subrayada, pequeña canalla. Es excitante escuchar esa palabra (y una o dos más que no escribiste) en los labios de una chica. Pero prefiero que hables de ti y no de mí. Escríbeme una larga, larga carta, llena de esas y otras cosas, acerca de ti, querida. Ahora ya sabes cómo regalarme una erección. Dime las más pequeñas cosas acerca de ti tan detalladamente mientras sean obscenas, sucias y secretas. No escribas otra cosa. Deja a cada oración llenarse de sucias e impúdicas palabras y sonidos. Son lo más amo oír y ver en el papel, porque las más sucias son las más hermosas. Las dos partes de tu cuerpo que hacen cosas sucias son las más amadas por mí. [...] Buenas noches mi pequeño coñito, me voy a acostar y jalármela hasta acabar. Escribe más y más sucio, querida. [...]
JIM
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